Creo que sólo para unas cuantas afortuanadas.
Hoy he leído en el País digital un reportaje de Bernad-Henri Lévy
que me ha puesto los pelos de punta, primero, para en décimas
de segundo pasar a la impotencia y a la ira.
Hablaba sobre Sakineh Ashtianí, una mujer Iraní madre
de dos hijos, que hasta hace 4 años que fue cuando
la detuvieron, la acusaron de adulterio, el tribunal Persa cuya
lengua apenas entendía, dictaron sentencia y la encerraron
en la "minicelda" de los condenados; era maestra.
No fue condenada a ahorcamiento, no esa muerte rápida la reservan para otr@s
sino a la muerte más cruenta, salvaje, inhumana... no tengo calificativos,
que una "persona" puede idear: la lapidación.
La enterrarán, solo asomando la cabeza, para que le tiren piedras a la cara,
de un tamaño apropiado, según elija su verdugo, a su delito;
hasta que después de un sufrimiento inimaginable, de desgarrarse la carne de la cara,
convertida en una amasijo de carne y sangre, sufrir múltiples fracturas... morir.
¿Esta gente vive en el siglo XXI?. No en ese país están en la edad de piedra... pero
sólo si eres mujer. Si esta es tu condición debes cubrirte con un hiyab integral, que
solo deja ver tu rostro.
Debes andar con la mirada gacha, no hablar, a veces no poder estudiar,
obedecer a tu marido sin rechistar... todo son deberes, y yo me pregunto:
¿dónde están sus derechos?¿algún día esas mujeres podrán ser libres?
¿podrán vestir, caminar sin miedo, estudiar, exponer sus ideas...?.
Mientras este día llega, o no, Sakineh, sigue esperando en su celda
de condenada a muerte, que una verdugo le traiga su cena y
le diga que mañana llegó el día de su lapidación.
Ojalá existieran los milagros, ella se merecería uno...
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