viernes, 17 de julio de 2009

UNA MUJER VALIENTE


El otro día, mirando un blog de los que sigo, me detuve en el post sobre una poetisa rusa:
Anna Ajmátova; para proteger los once poemas que constituían su obra "Requien" de cualquier desgracia que les pudiera pasar; y que llegaran a nuestros días, hizo que once personas memorizaran un poema.
Esto me hizo pensar en otra mujer valiente: Irena Sendler
>, de la que conocí su historia a través de un pps que una amiga me mandó.
Es una historia conmovedora y que, al que la lee, le hace pensar en el valor que tienen algunas personas. Le dejé un resumen en los comentarios, pero ahora quiero compartirla con tod@s vosotr@s.
Bien, comienzo. Esta mujer, Irena Sendler,
heroína desconocida fuera de Polonia, y apenas reconocida en su país por unos pocos historiadores, debido a que en los años de oscurantismo político su hazaña fue borrada de los libros de historia, y ella, nunca contó a nadie lo que hizo durante unos determinados años. Pero, al final, en 1999, por fin se le hizo justicia, y su historia comenzó a conocerse, gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas y a su trabajo de fin de curso sobre los héroes del Holocausto. Había pocos datos sobre ella, el más sorprendente: salvó la vida de 2.500 niños. Cómo podía haber tan pocos datos de esta mujer?. Buscaron su tumba y descubrieron que aún vivía. Era una anciana de 97 años, que residía en una asilo del centro de Varsovia, en una habitación llena de fotos de los niños que salvó, flores y tarjetas de agradecimiento de todas las partes del mundo. Hablo en pasado puesto que, por desgracia, Irena falleció el 12 de mayo de 2008

Esta es su historia: Cuando Alemania invadió Polonia en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, el cual manejaba los comedores comunitarios de la ciudad.
En 1942, los nazis crearon un ghetto en Varsovia, Irena, horrorizada por las condiciones infrahumanas en las que esas gentes tenían que vivir, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos. Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas.
Como los alemanes temían a una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran el recinto.
Sin perder tiempo, Irena se puso en contacto con las familias a las que ofreció sacar a sus hij@s fuera del ghetto, sin garantías de éxito. Era un duro momento, intentar convencer a padres, madres, abuelos y abuelas de que le confiaran a sus hij@s, niet@s para intentar salvarl@s sin que la descubrieran.
Comenzó sacándolos en ambulancias como víctimas de enfermedades, tifus..., luego ya se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos: sacos de patatas, ataúdes, cestos de basura....
Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social. Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dándole identidades temporales a est@s niñ@s judí@s.
Pero su hazaña fue a más. Irena quería que un día estos niñ@s recuperaran su identidad, sus historias personales, sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombre de los niñ@s y sus nuevas identidades. Este valioso archivo, lo constituían trozos de papel en donde hacía sus anotaciones y luego los guardaba dentro de botes de conserva que enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Nadie sospechó que allí, bajo ese manzano, se guardaba el pasado de 2.500 niñ@s... hasta que los nazis se marcharon.>
Pero un día, estos asesinos supieron de sus actividades y el 20 de octubre de 1943, Irena fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak, donde fue brutalmente torturada. Irena era la única que sabía los nombres y direcciones de las familias que albergaban a los niñ@s judí@s, soportó la tortura y jamás traicionó a su colaboradores ni a estos niñ@s.
Le rompieron los pies y las piernas, amén de innumerables y crueles torturas. Fue sentenciada a muerte, acontecimiento que nunca se cumplió porque camino al lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó escapar.
La resistencia lo había sobornado. Oficialmente figuraba en las listas de ejecutados,
así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando,
bajo una identidad falsa.
Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2.500 niñ@s que colocó en familias adoptivas.
Muchos de ellos habían perdido a sus familias en los campos de concentración nazis, a otros los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa. Los niñ@s sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta. Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas la llamaron para agradecerle lo que había hecho por ellas, la fueron a visitar, esos niñ@s ya mayores, con sus hijos.
Esas fotos son las que adornaban las paredes de su habitación.
Para tod@s es una heroína, sin embargo ella no se considera tal. Siempre que se le pregunta sobre le tema, Irena dice:
"Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día que yo muera"

1 comentario:

  1. me alegro de que mi post inspirara el tuyo..
    yo tambien postee sobre "Yolanta", como la llamaban sus niños...hace casi dos años...
    es bonito y justo que la recordemos de vez en cuando....porque su hazaña fue incomiable...

    un abrazo pucca

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