miércoles, 13 de mayo de 2009

CONFIAR

Hoy en día, es muy difícil confiar en los demás, sobre todo en alguien desconocido, tal y como está el mundo en el que vivimos. Sin embargo, ayer lo hice, creí en la palabra de un desconocido. Por la tarde, en la esquina entre Preciados y Callao, un desconocido se acercó a mi, me paró y amablemente me preguntó algo, supuse, porque escuchar no lo escuché, solo vi moverse su boca y mirarme. La costumbre, cada día que salgo a la calle, me pongo mi Ipod y desconecto del mundo, de lo que me rodea, no me extraña que nos sintamos sol@s rodead@s de tantísima gente. Bueno, a lo que iba, que me distraigo y pierdo el hilo; cuando me quité los cascos pude escuchar a este chico. Me preguntó si podía invitarle a algo de comer porque tenía mucha hambre. Seguro que os suena esto no?, igual que a mi y la contestación que la mayoría le daríamos es NO, igual que yo he hecho en estas situaciones. Sin embargo, ayer fue distinto. No se si por la tristeza que había en la cara de ese chico, o por la sinceridad que me transmitieron esas pocas palabras pero, al final, le dije que si. Fuimos al Pans que había la lado para comprarle un bocata. Sin embargo él me dijo, que mejor un café y un bollo que sólo me costaría 1,80 €. Me quedé sorprendida. Con lo mal que lo estaba pasando, el hambre que tenía, miró por mi para que no me gastara mucho dinero. Eso no es de ser aprovechado, creo yo. Cuando nos sirvieron la merienda en la bandeja, él la cogió y se sentó para tomar su primera comida del día. Al pagar, me acerqué a él para despedirme y desearle que tuviera suerte a partir del jueves, la razón me vais a permitir que no os la desvele, queda entre este chico y yo. Cuando le estaba diciendo estas palabras, él se levantó, me abrazó, me dio dos besos y ; con una expresión de gratitud, como no había visto nunca antes en un desconocido, me dio las gracias por haberle creído, por haber confiado en la palabra de un desconocido y por haberle ayudado. Ya veis, a veces, es gente como este chico la que te hace valorar las cosas que tu tienes, aunque muchas veces pensemos que podríamos tener más. Tenemos que vivir al máximo cada día, no preocuparnos tanto de tener, tener y tener cosas, sino de disfrutarlos con las personas que nos rodean, a las que queremos, amigos, familia...; hablar, decir, reír, disfrutar con ellas cada momento de nuestra vida.

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